Nadie dijo nada más, no hacía falta, fuimos un instante, una vez, solo un momento, uno que se añejó en el tiempo y se disfrutó una noche. Las cenizas que consumieron un cigarro lentamente.
Ocurrió cuando los astros se alinearon, las casualidades estuvieron a nuestro favor y al fin nos dejamos ser. Ya no habían los temores y dolores de otros tiempos, solo la complicidad de dos que se han gustado, que al fin se dieron la oportunidad.
Tremenda sorpresa, vaya juego del destino. Fue totalmente inesperado, un guiño de la vida, uno fugaz y pasajero, de esos que ocurren y se acaban. No hay lágrimas ni lamentos, solo recuerdos y una complicidad muda.