Mientras pasaban los días, justo en medio de mis vacaciones decidí que no habrían malas decisiones, solo accidentes felices, en ese momento no sabía que ese sería un camino más hacia un tipo distinto de libertad e independencia.
Muchos años los pasé esperando que las cosas sucedieran,que mi felicidad llegara de una fuente distinta de mí misma: las personas, las situaciones, lo que otros hacían o dejaban de hacer. Así que en medio de la carretera y con un montón de dudas, decidí que estas serían mis mejores vacaciones, que nada iba a impedirme disfrutar de todos los accidentes felices que ocurrieran.
Con esa mentalidad renovada, a la mitad del recorrido por los cenotes y a pesar de no saber nadar, decidí eso no sería impedimento para conocerlos, para explotarlos a mi ritmo y de la manera en que mejor pudiera sentirme. Ese día rompí uno de mis tantos miedos, me sentí orgullosa y feliz de haberlo logrado.
En ese viaje también me aventuré a conocer un bar sola, por lo general acudir a un sitio como esos me parecía una mala idea, en otro momento de la vida no lo habría hecho, pero ya que estaba rompiendo un montón de tabúes personales, decidí acabar con este también. Así que entré al lugar que me pareció mejor, había música de la que amo, así que me sentí mucho más cómoda.
Al final del viaje mi maleta estaba llena de triunfos y conquistas, de nuevas experiencias y sensaciones, de un montón de anécdotas y vivencias. Este es el principio de una serie de pasos que deseo andar, a mi ritmo, a mi manera y cuando esté lista para cada cosa.